Cítricos
Las naranjas, mandarinas, pomelos y limones son buenas fuentes de vitamina C. Es preferible comer la fruta entera en lugar de beber solo el zumo, para absorber también la fibra.
Manzanas y peras
Contienen agua y pectina, una fibra soluble que favorece la regularidad intestinal y nutre parte de las bacterias beneficiosas presentes en el intestino.
Cereales integrales
La avena, la cebada, la espelta, el arroz integral y la quinoa aportan fibra, vitaminas del grupo B y minerales. Ayudan al tránsito intestinal y mantienen la sensación de saciedad más prolongada.
Legumbres
Las judías, garbanzos, lentejas y guisantes aportan proteína vegetal, fibra, folato, potasio y magnesio. También pueden usarse para sustituir algunas harinas de carne.
Frutos secos y semillas
Las nueces, almendras, semillas de lino y de chía aportan grasas insaturadas, fibra y micronutrientes. Una pequeña ración es suficiente, porque son alimentos muy nutritivos pero también calóricos.
Aceite de oliva virgen extra y pescado
El aceite de oliva virgen extra contiene grasas monoinsaturadas y antioxidantes. Las sardinas, la caballa y el salmón aportan omega-3, útil dentro de una dieta equilibrada.
Alimentos ricos en agua
Los pepinos, el hinojo, el apio, los tomates, los calabacines, las naranjas y la sandía contribuyen a la hidratación. Beber suficiente agua permite que los riñones filtren la sangre y eliminen las sustancias residuales de forma normal.
Especias y hierbas
La cúrcuma, el jengibre, el perejil, el romero y la albahaca dan sabor a los platos y aportan diferentes compuestos vegetales. Sin embargo, no son remedios purificadores y los suplementos concentrados no deben tomarse sin asesoramiento profesional.
