Cómo comer
Las grosellas se pueden comer frescas, cuando están maduras, o usarse para preparar mermeladas, gelatinas, jarabes, postres y ensaladas de frutas. Su sabor ligeramente ácido también lo hace interesante en combinación con platos salados, ensaladas o preparaciones agridulces.
Es mejor evitar consumirlo inmaduro, ya que puede ser difícil de digerir y causar molestias intestinales. Quienes sufren diverticulosis o tienen una sensibilidad intestinal particular deben tener cuidado, ya que las pequeñas semillas contenidas en las bayas pueden resultar molestas.
¿Por qué redescubrirlo?
Las grosellas son una fruta casi olvidada, pero merecen volver a nuestras mesas. Es fresco, ligero, rico en fibra y antioxidantes, y puede ser una alternativa interesante a las bayas habituales.
No es un alimento milagroso, pero incluido en una dieta variada puede contribuir al bienestar del intestino, la piel y el cuerpo en general.
