Todos sabemos que una buena noche de sueño es preciosa. Vigilamos el número de horas, evitamos las pantallas, intentamos irnos a la cama a una hora fija. Pero hay un error muy común y completamente silencioso que muchos cometemos sin siquiera sospecharlo. Y sus efectos en el corazón y el cerebro están lejos de ser triviales. La buena noticia es que unos pocos ajustes sencillos pueden cambiarlo todo.
Lo que realmente ocurre en tu cuerpo mientras duermes
Dormir es mucho más que un descanso. Este es el momento en que tu cerebro ordena, elimina los residuos acumulados durante el día y consolida tus recuerdos. Durante este tiempo, tu corazón se ralentiza, tu presión arterial se estabiliza y todo tu cuerpo se regenera en profundidad.
¿El problema? Cuando este sueño se ve alterado — aunque sea ligeramente — todos estos procesos vitales se vuelven menos eficientes. Y la perturbación en cuestión a menudo no está relacionada con la duración del sueño, sino con la forma en que dormimos.
