3. Pérdida de movilidad y sus consecuencias
La movilidad reducida es un proceso gradual, pero tiene un gran impacto en la calidad de vida.
Al principio, puede parecer normal: moverse más despacio, sentir rigidez o perder el equilibrio. Pero cuando esto lleva a evitar actividades, el problema empeora.
Menos movimiento significa músculos más débiles, menos independencia y mayor riesgo de caídas. Además, muchas personas dejan de asistir a reuniones o actividades por miedo o inseguridad.
Esto crea un ciclo difícil de romper: menos actividad conduce a más debilidad, y más debilidad reduce aún más la actividad.
La clave es seguir moviéndose, incluso con ejercicios suaves. Caminar, estirarse o participar en actividades adaptadas puede ayudar a mantener la fuerza, la confianza y la independencia.
