El día en que las sospechas se hicieron concretas
Una noche, su hija Emily, entonces adolescente, quiso oler la botella. Víctor se la arrebató de las manos con una violencia que heló a todos. Era la primera vez que le veía reaccionar así.
Poco después, vertió el contenido de su vaso en una maceta. A la mañana siguiente, las hojas de la planta estaban completamente ennegrecidas. Sus manos empezaron a temblar.
Pasó horas buscando información sobre sustancias tóxicas de acción lenta. Pensó en su mareo nocturno, en ese cansancio inexplicable. La pregunta daba vueltas y vueltas: ¿y si Victor quería hacerle daño?
Las últimas palabras de un hombre que se iba
La respuesta llegó demasiado tarde, o casi. Durante su trigésimo quinto invierno juntos, Victor sufrió un infarto. Desde su habitación del hospital, llamaba cada noche a las 21:00 para preguntar si ella había bebido su copa. Estaba mintiendo. Quizá lo sabía.
Unas horas antes de morir, le hizo un gesto para que se acercara. * “Prométeme que seguirás. Quería saber qué había en esa botella. Sus ojos se llenaron de lágrimas. * “Eso es todo lo que nunca me atreví a decirte. Él asintió con la cabeza, le estrechó la mano una última vez.
