Ahora ya no podía esperar.
Mientras el avión ascendía hacia la luz del sol, Mercy miró por la ventana y finalmente entendió algo:
Lo opuesto a un desamor es no encontrar a alguien nuevo.
Es volver a ti mismo.
Daniel no la había destruido.
Solo había revelado cuánto de su propia vida le quedaba esperando en segundo plano.
Y ahora, por primera vez en años, Mercy no miraba atrás para ver quién no la amó.
Estaba mirando al frente.
Y el mundo que tenía delante era suficiente.
