No respondió.
Apenas podía respirar.
“¿Cómo es posible?”
Mi voz se elevó antes de poder controlarla.
“Moriste hace casi treinta años.”
La expresión de la mujer cambió.
Y en ese momento, me di cuenta de que esto era mucho más grande que un pago secreto de alquiler.
Mucho más grande que una aventura.
Mucho más grande de lo que había imaginado durante aquella noche sin dormir.
La miré con total incredulidad.
“Dios mío… Michael, ¿en qué te has metido?”
