También pueden aparecer trastornos de la visión y la percepción espacial: calcular mal las distancias, tener dificultades para reconocer rostros familiares o leer una línea de texto. Signos que a menudo se atribuyen a la fatiga, pero que merecen una vigilancia cercana.
En cuanto al lenguaje, encontrar palabras se vuelve difícil: giramos una palabra, repetimos frases y perdemos el hilo de la conversación. Ya no es solo un pasajero blanco.
Otras señales completan este panorama: perder objetos en lugares incongruentes, tomar malas decisiones (finanzas, seguridad, higiene), retirarse gradualmente de la vida social y de las actividades que disfrutas, cambiar tu personalidad — volverte sospechoso, irritable o ansioso sin motivo aparente — y finalmente tener dificultades para seguir una conversación o procesar nueva información.
