Mi vecina Denise me había pedido prestadas casi diez cosas desde principios de año.
Empezó en primavera con mi escalera.
Luego llegó la hidrohidrolimpiadora.
Después de eso, fue entrando poco a poco en mi cocina—mi olla de cocción lenta, mi vaporizadora, una nevera portátil e incluso mi buena bandeja para asar.
Las cosas siempre llegaban tarde.
A veces estaban sucias.
A veces faltaba una tapa.
Y ni una sola vez se disculpó ni siquiera lo mencionó.

Luego, el martes pasado, me pidió prestado mi batidora.
