La decisión que lo cambió todo
Entonces tomó una resolución: no volver a invitarse a sí mismo donde realmente no se le esperaba. Ya no confundir la cortesía con el amor, ni el silencio con el rechazo. Si sus hijos querían verle, llamaban. Y mientras tanto, iba a aprender a vivir para sí mismo otra vez.
Las primeras semanas fueron difíciles. Estaba mirando su móvil. Contó los días. Luego, poco a poco, algo se puso en marcha.
Comienza una nueva vida en un banco del parque
Un miércoles por la mañana, en su parque habitual, un hombre de su edad estaba sentado a su lado con un tablero de ajedrez bajo el brazo. Mircea, 67 años, antiguo profesor de música, tan mal jugador de ajedrez como él. Se rieron. Y todo empezó de nuevo a partir de ahí.
A través de Mircea, conoció a otras personas. Reuniones de miércoles para jugar al ajedrez, cafés de viernes en el centro de la ciudad. Cuando supieron que tenía una guitarra que había estado durmiendo en un armario durante treinta años, insistieron en que se la devolviera.
La noche que volvió a tocar delante de alguien, sus dedos temblaban. Pero nadie miró su móvil. Nadie ha consultado el tiempo. En realidad, todos le escuchaban. Este detalle aparentemente inocente lo cambió todo.
