¿Conoces esos vídeos donde la gente compra cajas gigantes de paquetes sin reclamar y los abre frente a la cámara, esperando encontrar algo valioso?
Mi marido, Caleb, y yo quedamos completamente enganchados.
Durante casi un mes, vimos a desconocidos descubrir de todo, desde gadgets inútiles y ropa barata hasta aparatos electrónicos caros escondidos dentro de esas cajas misteriosas. Al final, la curiosidad pudo con nosotros.
Hace dos semanas pedimos uno.
Llegó ayer.

Después de cenar, arrastramos la enorme caja al salón, cogimos unas tijeras y empezamos a abrir paquetes como dos niños en la mañana de Navidad.
La mayoría de los objetos eran exactamente lo que esperábamos: fundas para el móvil, utensilios de cocina, ropa suelta, cables de carga enredados y cosas que ninguno de los dos usaría jamás.
Nos reímos durante casi una hora de descubrimientos ridículos.
Luego solo quedaba un paquete.
Era diferente a todo lo demás.
